Verano del año 19 tras la apertura
del Portal Oscuro.
Otra mañana gris en la que Linzi
tenía que trabajar bajo la llovizna, una que marcaría un hito en su
vida sin que, si quiera, lo sospechara. Por fortuna la
correspondencia no se había mojado demasiado y había quedado en
perfectas condiciones de entrega después del rato de tregua que
dieron las nubes. El cielo seguía cubierto al haber llegado al
barrio burgués cercano al mercado, que bullía en el momento de la
leve remisión del sirimiri, aunque al menos ella, los dos caballos y
el correo estaban secos. Lo que la detenía ahora era la inseguridad
de si la bonita casita del típico estilo victoriano que miraba era
la que buscaba. El ser una vivienda en esquina era lo que la
desorientaba, pues no había datos sobre tal detalle en la libretilla
de direcciones que reposaba sobre su regazo.